Esta particular especie no vuela, tiene un desplazamiento lento y a veces se siente sexualmente más atraído por los humanos que por su propia especie, por lo que estuvo a punto de desaparecer. Sin embargo, el gobierno oceánico desarrolló un programa de conservación que permitió aumentar su población de 50 individuos en los ’90 a 126 este 2012.

“Hay un relato de uno de los primeros exploradores, Charles Douglas, que dijo que eran tan numerosos que podías recogerlos de los árboles como si fueran manzanas”, cuenta Deidre Vercoe Scott, jefa del programa de conservación.

La experta explicó que la merma en su población comenzó con la destrucción de su hábitat por parte del hombre, la introducción de plagas y la llegada de animales domésticos como perros y gatos.

Vercoe Scott explicó que los kakapos, de plumas verdes y cuyo nombre significa “loro nocturno” en maorí, viven principalmente en tierra, aunque también son hábiles trepadores. Cuando se ven ante una amenaza, se quedan paralizados, lo que los convierte en presas fáciles para los predadores.

Los machos, además, atraen a las hembras emitiendo un sonido gutural profundo, lo que los expone aún más a los cazadores.
El científico Ron Moorehouse, explica que con el envejecimiento de la población y el declive del número de ejemplares, el futuro de la especie parecía “condenado” en los años ’90.

Además, tuvieron que enfrentar una serie de dificultades para poder lograr su conservación, ya que la especie sólo se reproduce en las temporadas en que dispone de fruta abundante de los árboles nativos. Esto se sumó a que los kakapos machos se sintieron más atraídos a los guardabosques que a las hembras.

Esta situación incluso fue documentada en el programa “Last Chance to See”, donde uno de los kakapos intentó copular con el cuello de un zoólogo.

Vercoe Scott añade que es muy improbable que el kakapo sobreviva en un medio silvestre por si solo, por lo que sólo el programa de conservación puede mantener la especie en vida.

Pese a que figura aún como especie en peligro crítico de extinción, Moorehouse considera que la situación del pájaro ya no es tan dramática como antes.

“Con 126 pájaros, hay que manejar la genética con mucho cuidado, y eso es lo que estamos tratando de hacer, conservar la mayor diversidad genética posible en la población de kakapos”, añade.