Una nueva herramienta está haciendo su aparición. Se trata de los algoritmos, herramientas matemáticas que se están utilizando para, por ejemplo, ayudar a tomar la decisión de una compra.

Tal es el caso, por ejemplo, del banco singapurense DBS, que implementó una aplicación para smartphones que, gracias al GPS, averigua en qué lugar están sus clientes y las probabilidades de que compren algo, basándose en su comportamiento anterior y el dinero que tenga en su cuenta. Si es poco probable que la persona compre algo, recibirá por SMS una oferta.

John Bates, jefe de Tecnología de Progress, empresa dedicada a crear plataformas de algoritmos para negocios, explica a la BBC que los algoritmos podrían convertirse, próximamente, en el asistente personal de todo ser humano.

El profesional señala que las empresas “no tienen recursos para hacer eso (implementar asistentes humanos), ni aunque subcontraten a empresas en India, China o donde sea más barato. Por eso hace falta recurrir a la tecnología. A los algoritmos no hay que pagarles”, sosteniendo una premisa que, aunque un poco macabra, no dejaría de ser cierta: “los algoritmos son los nuevos esclavos”.

Quien confirma el éxito de los algoritmos en el mundo del marketing es Emre Satin, personero de la empresa telefónica turca, Turkcell, quien manifiesta que “notamos que estas ofertas que enviábamos usando el sistema de marketing en tiempo real daban resultados mucho más positivos que las ofertas que enviábamos por los métodos convencionales”.

Otras aplicaciones basadas en algoritmos podrían fomentar el emprendimiento, como aquellas que comparan los papeles presentados por empresas para inversiones de riesgo y deciden si vale la pena o no financiarlo. De esta forma, la matemática se une al instinto para saber qué negocio es bueno o no.

Vistas las cosas, solo falta que la masificación de los algoritmos llegue por estas latitudes, para comenzar con las compras 3.0.

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